Zuma, presidente de Sudáfrica, al que las noticias relacionadas con el Mundial lo caracterizan como ávido futbolista en su estancia en la cárcel de Robert Island.
Manifiesta que la cultura africana lleva inmersa la lucha, lo que hace que a día de hoy luchen por sus derechos: tienen que recibir un beneficio económico del Mundial.
El fútbol es parte de la identidad de los africanos negros: lo fue hasta que se les prohibió el acceso a la FIFA, en el apartheid; ahora esa identidad vuelve a estar en sus manos, dejémosles disfrutarla.
Han gastado cinco billones de dólares para construir las instalaciones, pero tienen problemas para acceder a las mismas –la comentada compra de entradas vía internet y la imposibilidad del pago en efectivo−; la inauguración se acompañará de la voz de Shakira, una nueva ofensa a la cultura sudafricana, que no ve su representación en el evento; el restaurante del Mundial será el McDonalds… poco vínculo africano ven en esto; y por último, los ítems de recuerdo proceden de China… ¡ni la mano de obra va a ser del continente!
Por todo esto sólo nos queda recordar las palabras de Greg Fredercicks, un alto funcionario del comité organizador: “Es la Copa de FIFA, nosotros sólo somos organizadores. Somos el escenario”.
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